nº135
Tras visitar la última edición del Salón Internacional del Automóvil de Barcelona, me quedó aún más clara una interesante conversación que tuve hace tan sólo unas semanas con Gaetano Bergami, el propietario de BMC Air Filters, sobre el futuro del mundo de los coches.
Los automóviles van íntimamente relacionados con la economía de cada país y con la economía del mundo, y sobre todo esto debe imperar el sentido común, que es que un coche es un medio de transporte para la gran mayoría y nada más. Cuando los automóviles se popularizan en diversos países es gracias a la misma fórmula: un coche barato para el pueblo; así pasó por ejemplo con el Ford T en EE.UU., con el VW Escarabajo en Alemania o con el Seat 600 en España. Esa popularización hace activar un engranaje, la industria automovilística, que va dando vueltas y vueltas, subiendo, hasta que un día se detiene y hay que volver a empezar. Y justo ahora estamos en ese momento, tan sólo tenemos que mirar un poco para atrás para ver hasta dónde se había llegado con la venta de SUV, coches que para la mayoría de sus propietarios con un poco de sentido eran insostenibles (por su alto precio y elevados consumos).
El futuro está aquí, a la puerta de la esquina, y los coches del futuro también; no penséis que volarán por los aires (para eso ya están los aviones y tienen también fecha de caducidad), sino que serán pequeños utilitarios al alcance de todos, con los cuales podremos desplazarnos sin problemas y sin tener que sufrir mucho para pagarlos o llenar su depósito.
Volvemos a los orígenes, donde tener un coche es tener un medio de transporte, y poseer un coche como muestra de su estatus social será la hostia. Los nuevos coches del futuro lógico consumirán poco y correrán menos; vamos, lo justo para que aún nos puedan quitar el carnet. No hace falta conducir coches con grandes motores que superen los 230 km/h si en todo el mundo los límites de velocidad no superan los 130 km/h. Los coches empezarán a equipar motores pequeños turbo de gasolina muy eficientes, de reducido consumo y bajas emisiones de CO2, como el de la imagen que acompaña a este edito, un Renault TCe 100 de 1200 c.c. con una potencia de 100 caballos y una velocidad máxima de 182 km/h con un consumo de unos 5 litros y bajas emisiones de C02, que ya empieza a instalarse en alguno de sus modelos. Para qué queremos más.
Que cada uno piense la respuesta de forma lógica.
Ramón A. CASTELLÀ
